El pecado de amarme se apodera
de mis
ojos, de mi alma y de mí todo;
y para este pecado no hay remedio
pues en
mi corazón echó raíces.
Pienso que es el más bello mi semblante,
mi
forma, entre las puras, la ideal;
y mi valor tan alto conceptúo
que para
mí domina a todo mérito.
Pero cuando el espejo me presenta,
tal cual
soy, agrietado por los años,
en sentido contrario mi amor leo
que amarse
siendo así sería inicuo.
Es a ti, otro yo mismo, a quien
elogio,
pintando mi vejez con tu hermosura.
De:William Shakespeare
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